25 enero 2012

Crónica del concierto de Bunbury en Barcelona


Bunbury ha vuelto a tierras catalanas presentando su nuevo trabajo: Licenciado Cantinas. El músico zaragozano ha vuelto a reinventarse, esta vez adopta el rol de licenciado y nos otorga su lado más cantinero. El Sant Jordi Club fue el lugar indicado para que Bunbury nos deleitara con el directo de su recién estrenado repertorio, además de ofrecernos canciones de anteriores trabajos revestidas con tintes mexicanos.

De esta manera, con una selección de "canciones revolucionarias y canciones tristes", según palabras del propio músico, pudimos disfrutar de un show(man) que nunca decepciona. Los asiduos a los espectáculos de Enrique Bunbury obtuvieron una prueba más de sus capacidades musicales e interpretativas. El público novel pudo comprobar, de primera mano, los motivos por los que es admirado. Todos contentos y satisfechos con el trato y el trabajo de nuestro Sr. Licenciado.

Buen ambiente, tanto entre público y músicos, como en la propia banda, en dos horas de un directo trabajado, profesional y muy, muy satisfactorio. Destacaría las sensaciones que transmitieron la banda: comunicación, calidez, respeto y, sobre todo, trabajo de grupo. Incluyendo, entre todo, al nuevo percusionista, quien se estrena en esta gira, cuyo trabajo da un punto más que positivo al resultado. El proceso de grabación del nuevo disco y las horas de convivencia han dado sus frutos: Los Santos Inocentes se funden con el músico zaragozano, formando un todo homogéneo en el escenario.
Por otro lado, Bunbury dio libre albedrío a la agudeza y talento que le caracterizan, entregándose por completo al público catalán, quien le hizo sentir que Barcelona era como su segunda casa. Además, pudimos ver su lado más reivindicativo al realizar un breve discurso en el que opinaba sobre la situación social actual. ¿Qué hay que elogiarle? El ser un hombre inteligente y curtido en escenarios, con criterio tanto musical como discursivo. Madurez y sobriedad serían dos características definitorias del músico y de su actuación.

El directo empezó con cinco minutos de retraso, sin embargo no se lo vamos a reprochar: debe hacerse de rogar, es una condición sine qua non para caldear el ambiente. Durante el espectáculo disfrutamos de las nuevas canciones, como el single de presentación Ódiame, y también de antiguas, adaptadas al mexicanismo de este directo. Entre ellas destacaría la versión de Big-bang, del disco Radical Sonora, y Sí, una colaboración con Adrià Puntí incluida en Flamingos. Ambas me sorprendieron de forma particular: la primera, por el giro radical que supone pasar de una atmósfera electrónica, a una más tradicional y "cantinera"; la segunda, por las circunstancias del momento: por la simbiosis entre acierto musical y entrega total, por la comunión entre público y músicos.

¿Algo negativo? Bien, para no pecar de halagos en demasía, diré que quizá se echó de menos más repertorio nuevo y no tantas pinceladas a temas pasados. En total interpretó 22 canciones, de las cuales 15 eran nuevas versiones de antiguos trabajos y tan solo 7 de Licenciado Cantinas. De todas maneras, siempre es bueno volver la vista atrás y ver cómo ha evolucionado el músico, o mejor, ver cómo es capaz de actualizar su repertorio.

En definitiva, se podrían decir otras muchas cosas sobre lo acontecido el sábado en el Sant Jordi Club, pero sólo añadiré lo siguiente: Bunbury es como los buenos vinos, con el paso del tiempo y la experiencia, madura, mejora, adopta nuevos matices y acaba por ofrecernos momentos de disfrute sensorial como el que vivimos.

Desde tierras nahuas, adaptando las leyendas mejicanas tradicionales, Enrique Bunbury y Los Santos inocentes nos ofrecieron, el sábado, todo un deleite para los oídos, señores.

Fuente | simenor.com


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