Un disco mayúsculo, exigente, de pasillos y cajas de mudanza. Julio de la Rosa, más grande que la vida.
Imaginería clásica del género (si quieres otra cosa, ¿qué haces abriendo este vinilo, chaval?), máscaras de El Santo, olas y sangría,
, juegan en los coros de Todas las noches que no vas a bailar con el yeyé español de los
con las revoluciones subidas (nunca pitufas demasiado tu vida, cualquier amante del “pinch” te lo dirá), amagan el tributo a los
), no paran con La casa en la playa, recuperando el inmenso “Seré luchador mexicano por ti”, baladón de escenario, para terminar de encender las hogueras en la playa. Pensaba escribir esta reseña sin un solo punto, pero me falta el aliento y ando escaso de bencedrina, me toca visitar escaparates, escapar del invierno, buscar un carnicero con un pack de cervezas, caer enamorado hasta que la baba me caiga, esperar en la esquina de tu calle, a ver si te pillo volviendo de donde vas todos los martes, escribir poemas malísimos cuando tú eres malísima conmigo y acabar resumiendo dieciséis canciones en una proclama, que por universal y repetida, no falla nunca: “Quiero estar contigo”. Nos vemos a la orilla del río, aquí no tenemos playa y el verano tiene otro color.
Texto: Octavio Gómez Milián
"No temáis por mí" de Hendrik Rover (Guitar Town Recordings, 2010)
Hendrik Rover con este
“No temáis por mí” nos demuestra que juega en la liga del
Lapido más americano, escarbando el corazón de un camino donde suenan canciones que hablan de espacios abiertos, de carreteras amplias donde uno encuentra cobijo contra la tormenta, canciones donde los violines vuelan libres y las cuerdas de la guitarra acústica son el último enganche con un mundo que se desmorona.
Hendrik Rover recoge la tradición española de los que usaron a los fuera de la ley como referencia, de los que se miran en el espejo esperando ver a
Kriss Kristofferson en su reflejo, me recuerdan a ese hermoso misterio que fueron
Dos Lunas, incluso el
Loquillo de
“Mientras respiremos”, aquel en el que
Gabriel Sopeña aportaba corazón y palabras. Un disco crepuscular, construido a base de confesiones de motel, de estrellas pintadas en el techo de la habitación, del perezoso narcótico que es la luz del atardecer entrando a través de una ventana que sólo es tuya ese día. Un ejercicio de estilo elegante que alcanza el sobresaliente por unos textos cuidados, de esos que dotan de personalidad las tonadas, evitando la fotocopia. De lo mejor de este año, la verdad.
Henrik Rover estará tocando el próximo sábado 20 de noviembre en la Ley seca de Zaragoza.
Texto: Octavio Gómez Milián
Buenosaurios: Leyendas de la noche de los tangos de Acho Estol
Acho Estol es el compositor y líder de
La Chicana, un porteño de pura cepa que sobrevuela como en aquella canción de los
Soda Steréo, su ciudad de la furia, junto a un puñado de excéntricos cantores, rockeros y hermosos ángeles caídos en desgracia. Tango clásico, tango abierto, no sólo tango.
Buenosaurios tiene el toque mítico de las noches de
Buenos Aires, donde se mezcla
El Eternauta con
Juan Forn y todos agarran a
Rodrigo Fresán y le dicen:
“Anda, pibe, déjate de tanto inde y ven a bailarte un candombe”. Viejos discos de piedra reproducidos en el abismo digital, vino tinto salvaje y en el segundo tema aparece la voz del aragonés adoptivo (búsquenlo en las esquinas más inclinadas de
Huesca)
Ariel Prat masticando versos y electricidad. Me entrego al disfrute en la voz de
Chino Laborde,
revisando las palabras del tango y tras la primera parada para fumarme un faso, saco a una mina a bailar, la voz de Rodrigo de la Serna cantando la vida de Cristobal, vuelta y vuelta, la historia del que se apaga porque su luz deslumbra demasiado. La que se me escapó tiene el punto poético inmediato de los tangos universales, amargo y arrastrado. Planeta rojo es el primer tango con letra de ciencia ficción que he escuchado. Como si el Battiato de la Vía Lactea se mezclara con una orquesta de steampunk. Igual de evocador, no se preocupen. Y de pronto Manuel Moretti, el mejor tanguero narcónito que uno puede imaginar, nunca falla el líder de Estelares, en todos los extraños lugares del mundo, su voz se impone al
atardecer. En una nana, en el vals de la arena que se desliza. Histriónico, casi cabaretero, el señor Palo Pandolfo, guitarra eléctrica y bandoneón, una de las cumbres del disco con Putas Tristes. El Tango del Diablo, escrito al susurro de Mújica Laínez, la sombra burlona que se esconde en el cruce de Corrientes. Emociona Camaleón de varieté, el amor espera a un lado del muro, espero a que vuelvas a mi cueva. Extraño tanto el tiempo en que los discos de Antonio Birabent me ayudan a vivir y cada libélula que iluminaba el techo de mi habitación reordenaba el azar, cuando el chico moderno y guapísimo daba recitales en el Ateneo y cantaba “Estoyesperandoalhombre” acompañado de “wildman” Pettinato, hoy, en la mañana de Nochebuena, Antonio vuelve, recién duchado y con los ojos rojos. Cerramos esta hora zero con las palabras del Profeta, porque siempre habrás más vidas por vivir en la hermosa Buenos Aires,
atrapada en el pleistoceno o con un bandoneó amplificado.
Texto: Octavio Gómez Milián
Chicle: Max Capote.
Las andanzas de Max Capote exigen tener siempre soda en la heladera para poder combinar con gracia. No vale un refresco cualquiera, porque el sabor, como el de las bocas que besas, tiene que ser muy preciso. Como un Xavier Cugat a la orilla del Río de la Plata, tenemos ese aroma de bolero de aguardiente, cuando la banda del hotel ha dejado de tocar los malos covers del pase y se deciden a hacer un tema lindo, con voz quebrada e instrumentación canalla. Menos psicótico que Daniel Umpi, con un corte de americana más blues que Sergio Pángaro, cuando uno escucha Culpable sabe que pasar las noches solo es un insulto a la vida. No te voy a convencer es tan fronterizo que no sabes muy bien qué países separa (ahora mismo es lo menos importante, la verdad), y luego llega la versión de Perfidia, con el toque marciano suficiente como para que uno pondere la opción de subirse al contrabajo y volar al espacio exterior en busca de los besos más extraños de la galaxia. Mambo para diabéticos, balada tétrica y suburbial en Hermano y un órgano surgido de lo más profundo del pantano para sostener Y ahora estás llorando, como un crooner desabrochado que vuelve tambaleante del baño. Con la versión de Azuquita pal´café de El Gran Combo, cerramos este inmenso catálogo de vitalidad en forma de canciones, trompetas y maracas, tengo cerillas suficientes para prenderle fuego al mundo, ¿te animas y me acompañas?
Texto: Octavio Gómez Milián
De sombras y sueños de José Ignacio
Lapido (Pentatonia Records, 2010)

Fui un “Lapidiano” tardío, lo confieso, pero un día compré un saldo de 091, de esos con los que las compañías, como monstruos de Lovecraft, extienden sus reptantes miserias. Amalgama de canciones que sonaban a lo que tenía que sonar la vida. Luego vi una antigua foto de José Lapuente con una camiseta de la banda de Granada y una noche me explicó que Lapido había marcado la línea y que a partir de entonces sólo nos quedaba caminar sobre ella. En estos tiempos consumibles los discos no se escuchan, sólo dejas pasar rápido las canciones y las olvidas. Los de Lapido han vertebrado mi imaginería durante años, En otro tiempo, en otro lugar es una obra magnífica y con este De sombras y sueños, he visto la película más de una docena de veces. Se abre con El más allá, un tema por el que Nacho Vegas mataría. Lapido no
quiere convencernos que vive a la orilla del Missisipi, todo lo que tiene te lo enseña con cada acorde. Una banda muy engrasada, básica y eficiente, con la hermosa pincelada de Eva Amaral en Doble salto mortal, casi de cajita de música, de nana amarga o en Antes de morir de pena, que tiene un poso narrativo tan deslumbrante que casi asusta. Señor Lapido, con su permiso, me llevo sus canciones a la carretera, creo que no hay ley escrita que lo impida, escucharé Sueños que dejamos ir mientras trato de recordar dónde están las cassettes de Roy Orbison que mi padre me regaló. Claro, todo el mundo habla de Quique González y yo no lo entiendo, me gusta tu estilo, pero eres demasiado joven como para entenderlo. Asumamos que La hora de los lamentos es superior a A hard rain is gonna fall y que Miguel Ríos puede ser el ángel que nos salve de la debacle. Canción del año, con la épica justa para golpear la pared hasta la extenuación. Olvidé decirte que te quiero, con su candencia de blues terminal, recuerda el tiempo en el que nos juntábamos en las encrucijadas y susurrábamos versos antiguos esperando convocar a los demonios del delta. Las imágenes de Cansado me hacen recordar por qué disfruto con Manolo Tarancón o Hendrik Roever pero siempre espero que el poeta eléctrico vuelva. El Lapido más rockero hace su aparición en Lo creas o no, con el fantasma de Strummer sobrevolando los amplificadores, hazlo fácil, pero hazlo con sinceridad, es lo único que te pido. Es el momento de volver a tomar la acústica y reivindicar la parte más narcótica de la vida, ¿existe lo mesiánico en lo cotidiano? , algo así nos cuenta Nadie espera.
Algo falla, volvemos a finales de los ochenta, camisas de lunares blancos y patillas fuera de onda, el día que grabaste en VHS el último baile y pensaste que la su ausencia (la de ella) era tu particular Nofuture. Dime que camine despacio a tu lado y te silbaré tonadas que rebotarán contra Paredes invisibles, una vez que pasó el huracán uno no sabe qué hacer, los escombros tienen mala pinta y tu locutor favorito hace mucho que dejó de emitir.
Tú que hiciste aullar a los profetas, diste aguardiente a los ancianos y regalaste frutos secos a los niños, que se haga la luz a tu alrededor para que así veamos que has vuelto a esconderte.
Texto: Octavio Gómez Milián
Teóricamente imperfecta de Domador (King of Patio, 2010)
Después de una serie de maquetas sobresalientes, un primer LP ligeramente fallido y un directo donde la experimentación, el pop y la literatura pánica se mezclaban en perfecta simbiosis, a Domador sólo les quedaba la electrónica. Espera, para un segundo, rebobina, eso es... por qué no dices la verdad (¿Que yo también quiero ser importante? No, eso no...). La verdad en este tiempo es algo relativo, como el concepto de canción, empiezo a pensar que a la electrónica ya sólo les queda Domador. Teóricamente imperfecta (disco del año en la música aragonesa 2010 según Espíritu Margot) se abre con una canción absoluta, Nuevos experimentos con la muerte, donde la imaginaría de los Niños del Brasil consigue que el tecnopop resulte auténtico. La postmodernidad exige autorreferencias y reciclaje, entre la basura digital encontrarás las últimas crónicas de los Hombres Farolas. Los Invertebrados es la máquina nova cociendo a fuego lento los sueños más ácidos de William S. Burroughs. Pop pánico pasado por secuenciadores, películas de serie zeta japonesas, un número perdido de Planetary, proclamas para una revolución que ya ha terminado y de la que no hay reseña alguna en los libros de historia, instrumentales de relleno, ruido de fondo en un televisor analógico, arreglos compuestos con un teléfono móvil de segunda generación (has escuchado Chica calva, chica feliz, todo el mundo dice que es su single), La tercera guerra mundial sigue la escualidad lírica de De Vito para proclamar que la verdad está en lo repetitivo y Be caos iterará hasta que arrastramos nuestras neuronas epilépticas al siguiente motel (allí un instrumental sin título balbucea versos paganos). Abre el interfase y recibirás cinco minutos de descargas para terminar, Cabeus o como abrir la caja del diablo sin instrucciones.
Texto: Octavio Gómez Milián
Reseña Zaza de El Hombre Lento (Autoeditado, 2011)

Como la picadura de una avispa pasada de metanfetamina, como el corte de una guitarra infectada de mercurio, así suena el nuevo disco de
El Hombre Lento: lírica alucinada para electricidad al filo de la navaja. Masticando cristales que le hemos sacado de la boca a
Ian Curtis caminamos por las calle de
ZAZA, las imágenes de Castejón son propias de un
Willian Borroughts en pleno ataque de epilepsia.
Antípodas es una de esas canciones que se injertan en un lóbulo útil y deciden marcar el ritmo de tu vida repitiéndose hasta la extenuación. Ucronía y apocalipsis, ponme al revés, ponte del revés.
Mucho mejor, como diría
Leonard Cohen en
The Future:
No sé qué son esas luces que surcan el cielo, pero los ejércitos valientes son los primeros en rendirse. Las guitarras acústicas de
Morir construyen un espacio alrededor del oyente, narcótico para las últimas respiraciones.
Veneno es un clásico ya del directo de
El Hombre Lento, su interpretación en el escenario del Café Hispano hace unos meses, mientras teloneaban a
Antonio Arias, tuvo que seducir al viejo reptil eléctrico para producir este
Zaza, grabado el pasado mes de Agosto. Veneno incluye versos minuciosamente enfermos, de épica chatarrera (de sangre y cielo, claro).
Surfer go faster! es como una canción de los
Meteors tocada en la orilla de una playa impregnada de anticongelante para neveras, macarra como sólo puede ser macarra una canción interpretada por zombies. De la playa volvemos a la esquinas, a los callejones...
Libre de Ghettos, la sección rítmica de
Guillermo Mata y
Carlos Gracia reventando tímpanos, revolucionados, manejándose en todos los frentes.
Tu fortuna, mis esclavos, es el momento de la respiración contenida, con guitarras delicadas (aquí la polivalencia de
JJGracia, capaz de ir desde
Gram Parsons al arreglo puramente Sister Ray como si nada) que se elevan como el sol tísico de las mañanas de invierno. Pero volvemos a subir las revoluciones, soy el yonqui que camina sobre el alambre, hago lo que sea, no tengo mañana pero leeré el tuyo por unas monedas,
Mírame, mírame por favor y podré dejarme caer tranquilo.
Hay tanta muerte alrededor, palabras escritas en boca de otro, palabras escritas para mí, soy el fantasma que nadie recuerda y veo todavía no os habéis dado cuenta de que estáis tan muertos como yo.
El óxido del techo es un hermano bastardo de
Abrir el cielo, el tiempo de la muerte blanca creciendo como estalactitas nocivas en nuestra habitación, una canción para cerrar la puerta, para sumergirse en el líquido del adiós. El mejor disco del año, no me digas lo contrario, no esperes que te escuche,
El Hombre Lento camina conmigo, no me soltará el alma.
Texto: Octavio Gómez Milián
Concierto El Hombre Lento presentación de Zaza en La Casa del Loco (12 de Febrero 2011)

Esta crónica podría resumirse en unas pocas palabras: El Hombre Lento es la mejor banda alternativa aragonesa. Tanto por su directo como por sus canciones. Con esto tendría que valer, SayNoMore como diría el gran Charly García. Pero no me quedaré en silencio, enjuagaré las gotas de electicidad febril que cubren mis ojos y desatascaré los tímpanos intoxicados para hablar, para escribir sobre el concierto del sábado de El Hombre Lento. Sin palabras entre canción y canción, dejando que las imágenes hablaran, que la epilepsia interpretativa de Chiqui Castejón, armado con una acústica negra arrancada de las garras de Johny Cash, devolviera nuestro cerebro al purgatorio de las mejores alucinaciones, que la guitarra enrabietada de JJ. Gracia mascullara lamentos extraídos del punk elegante, del mercurio arenoso, de la noche abierta con farolas reventadas a pedradas. Ambos, junto al irredente bajo de Guillermo Mata y la precisión salvaje de Carlos Gracia, mecanizan un combo lisérgico de agresividad intelectual que desgrana canciones sobre la muerte blanca, las pistolas orgánicas y el hastío de los techos. Zaza es el hogar último de los ángeles exterminadores, la posada fin del mundo para los beatniks adictos a la morfina, Zaza es tan industrial como los paraísos abandonados llenos de máquinas oxidadas. Bolero de ginebra y psicodelia metálica de la escuela de Battiato. Óxido del bueno para nuestras venas, arrugados por tanta banda impostada y tanto llorón de sobremesa. Me gustó cuando Big Boy subió y machacó la pandereta como si estuviera asesinando a Bob Dylan, me gustó el tres porque es cuatro menos uno y así no hay manera de cuadrar las divisiones, me gustó El Hombre Lento porque es música de la que te hace sentir vivo en mitad de la enfermedad.
Texto: Octavio Gómez Milián
Concierto Lijas en la Ley Seca (18 de Marzo de 2011)

La poesía del vampiro Javier Carnicer, los mantras del duende Justo Bagüeste, las imágenes hipnóticas de Orencio Boix, ingredientes de una mixtura que tiene mucho de alquímico. Lijas se presentó en una Ley Seca en la que convivían artistas, escritores, fanáticos del spoken word y analógicos y postmodernos de distintos pelajes. Rock recitado sostenido por saxofones, por samplers imposibles, por caminos indiscretos en blanco y negro. Las voces de las mujeres invisibles servían de alimento a los sueños, demasiado tiempo, demasiado bien. Barajando los temas originales hasta alcanzar una amalgama sincrética, de club nocturno, de respiración entrecortada, de picadura de serpiente. Flor de ceniza, la oda al penúltimo piel roja, sonó chirriantemente tóxica, el panegírico al penúltimo ángel de Bajo continuo (más cerca del purgatorio que de la tierra rojiza), el despertar de la pesadilla al ritmo de cuchillos y cristales que es Dominio, El Lamento del Misántropo, santo cáliz inesperado para todos los chupasangres o el aura narcótica de Soñador Insomne, como un opiáceo de rimas, Lijas seduce a la vida con la sombra de la muerte. Al final, cuando la cocina del alma ordena el cierre, el blues del suicida, lanzándose al mar y encontrando un tesoro, vencidos por las sirenas, nos dimos cuenta de que habíamos recibido un corazón de plomo con el que fabricar nuestros pensamientos.
Texto: Octavio Gómez Milián
Reseña de DA (Grabaciones en el Mar 2011)

Con su anterior entrega, Pulse y espere, DA (o sea, Dani Garuz y aliados) comenzaba a dar muestras de su gusto por la experimentación, estirando los límites de la canción pop hacia regiones novedosas. Su tercer disco, DA (Grabaciones en el Mar) es el paso definitivo, teclados mutantes, acústicas dulcísimas, voces que van y vienen, ritmos imposibles, spoken word... todo en la turbadora mezcolanza que bulle en la cabeza de Dani Garuz (responsable de todos los instrumentos, salvo las baterías y percusiones de su compañero de mil proyectos Enrique Moreno y coros de Bigott, Samuel Zapatero, Erika Beitia y el mismo Moreno). Cuenta conmigo, himno paródico AOR, con unos coros macarras, abre el disco, para dejar paso a la épica psicótica de La Compostadora donde Garuz conjuga requiebros melódicos con un texto casi ballardiano. Perdida, con colchón de guitarra acústica, acentúa de manera arbitraria la estructura para llevarte hacia ese camino imposible donde Barret se mezcla con los hermanos Batista. Aunque Garuz siempre ha sido un buen amanuense de canciones, capaz de guiñar el ojo con picardía a cualquier noche y ser un narrador contenido de colmillo afilado, y así nos entrega Discobares amigos. El Bowie más sutil aparece en Sonámbula, una referencia (sobre todo el Bowie de Heathen o Hours), que siempre se ha podido ver en los discos de DA, mientras que Último deseo nos trae al Garuz más clásico, el de aquel pulcro Dormidos en el zoo, evocador y de lírica mínima. Niño de mamá, como la intro de una versión actualizada de La Fuga de Logan, juega de nuevo a la reiteración abstracta, futurismo recitado, teclado percutor. Sería fácil hablar de Kraftwerk en Esclavo Einzelhaft, pero las referencias postmodernas lo acercan más hacia Futurama que al Aviador Dro, un Coppini con interfaz usb en el lóbulo frontal tocando canciones imposibles de La Mode. Juegos adolescentes, canción redonda, de estribillo “papapa”, de esas que Garuz es capaz de componer en medio suspiro. El cierre con Standing Baba, un mantra de reminiscencias sixties, un guiño a la etapa blanca de los
FabFour, nos deja, como siempre con DA, sonriendo y con ganas de repetir.
Una portada muy cuidada, con la firma de Yann Leto y la masterización a cargo de Javier Roldón del Vacuum Mastering (en pocos meses se ha convertido en un clásico), hacen del tercer disco de DA uno de los ejercicios más arriesgados del pop aragonés de los últimos años. Aunque, la verdad, no esperábamos menos de Dani Garuz.
Texto: Octavio Gómez Milián
Reseña de Canencia (La Pera
Records, 2011) de Decalles

Vuelven a la ciudad los Decalles...vuelven más bien a sus escenarios con material nuevo, caliente, calentísimo, canciones de barra y nocturnidad esta vez aliñadas con algo de bucolismo urbano (los paseos en el parque, se pueden hacer tantas cosas buenas...(y malas) al amparo de los arbustos). Grabado en Canencia, sierra madrileña que da título al disco, rock de buena graduación, aunque el fermento sea joven, el destilado alcanza niveles notables. Se abre con Mi sitio, corte cristalino de esos que remiten al final de los ochenta españoles, con una elegante aplicación de los metales y sigue con Tiempo perfecto, Javi Martelli mastica versos trepidantes, estribillo exactos, un ejemplo de cómo una banda de rock puede hacer una buena canción pop. Canallas en Chicas de cuero, caperucitas feroces y princesas de las que se encontraba Pepe Risi en los garitos de Malasaña, como un disparo que recorre la ciudad embuida en unos pantalones de pitillo casi ilegales y cierra con
La última canción, arrastrado por la electricidad cansina del que ha vendido su alma en un cruce de caminos,
baladón en tono épico, salpimentado de un hammond reluciente, para cerrar un apetitoso EP de una banda, Decalles, que crece, puliendo aristas, dejando una producción exquisita que espera el directo.
Texto: Octavio Gómez Milián
Disco ruido de Sistema Solar (I+D
Music, 2011)

Una de esas bandas escondidas del ander latinoamericano, de las que juegan con los sintes y las baterías hasta crear un mejunje que sólo te invita al baile y la intoxicación lumínica. Sistema Solar nos llega de mano de I+D Music, dándole lametazos a la herencia tecnopop ochentera, a las partes más sintéticas de ChickChickChick!! (esas percusiones de Rainchecks, con las que se abre el LP, abría que samplearlas y ponerlas como asignatura obligatoria de cualquier remezcla que se precie), a la parte lúbrica de Ladytron o los momentos menos psicóticos de Plastilina Mosh. Una banda donde los ritmos son de todos los colores, entregando material para 12” en cada track, Go twisters es como el subidón en una discoteca de las afueras de Bogotá (donde Héctor Buitrago cocinaba nuestros cerebros a fuego muy, muy lenta), una y otra vez, tan adictivos que uno acaba sintiéndose trendy a mitad del disco. Sol y Amorfos, como la banda sonora de una película de El Santo en la que viajara al Marte fronterizo que soñaron los Babasónicos, con sus risas de Birkin revestidas de la postmodernidad de caja de ritmos. Magnetic Pluto, narcosis en estado puro, te digo adiós con la mano, mientras las gotas de mercurio caen como lágrimas sobre mí. I´m your number, al ritmo de los 8bits, démosle una oportunidad a los programas de composición de un Spectrum, emulación power mientras subimos el pinch! Mezclar inglés con español siempre es arriesgado, a menos que seas un Paranoiac, capaz de dominar más de un millón de lenguas y varios dialectos planetarios. Cierre con Morfeo, la canción que llevaría Martín Mantra en su mp3 cuando saliera del DF en busca de Godzilla. Un disco que mezcla la diversión electrónica del baile con algunas de las canciones más evocadoras y elegantes que he escuchado en mucho tiempo. Sobresaliente, ganas de verlos en España muy pronto. Magnetic Pluto y Paranoiac cortadas por el patrón de los nunca suficientemente reivindicados Luxury 54,
Texto: Octavio Gómez Milián
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