MADRID. En medio del terremoto mediático que han supuesto las acusaciones de plagio a los poetas Pedro Casariego y Joseba Sarrionandia, Enrique Bunbury nos habla sobre su nuevo disco, «Hellville de Luxe», apodo que puso a su casa del Puerto de Santamaría. Bunbury, que exige no hablar de la polémica, comienza explicando que la portada, una imagen de dicho refugio espiritual, «está inspirada en la estética de «Los renegados del diablo», una película de Rob Zombie». Parece, pues, que ahora cita a sus influencias... pero lo que no nos cuenta es que el nombre de su hogar gaditano también pertenece a la inventiva de Zombie, que sacó en el 98 un álbum llamado «Hellbilly de Luxe»... En fin... da igual... lo importante es la música.
-¿Lo primero es el texto, y después la música?
-¿Lo primero es el texto, y después la música?
-Otras veces sí he trabajado así, pero en esta ocasión ha sido todo muy simultáneo, música y letras han avanzado de forma paralela. Se puede decir que he trabajado de una forma más ortodoxa.
-¿Ha tenido ayuda de alguien?
-No, esta vez me tocaba hacerlo a mi solito. En este disco no colabora ni dios, era una premisa que tenía. Después de tantas colaboraciones, con Nacho Vegas y otros, y de la gira con Héroes, tenía ganas de sacar un disco mío y sólo mío.
-Muchas exaltaciones de la amistad en «Hellville de Luxe»...
-Hay muchas, sí. Yo creo que es el disco más positivo que he hecho. En un principio, se iba a llamar «Asuntos de familia», con la intención de valorar determinadas cosas sobre la pareja, los amigos, el hogar, desde un punto de vista positivo. Este álbum es la contraposición de «Viaje a ninguna parte», cuyo protagonista era un ser desarraigado. En «Hellville de Luxe» es un tipo que tiene algo a lo que aferrarse.
-Pero en la portada parece un redneck de la América profunda con malas pulgas... ¿Es usted buen anfitrión en Hellville, o sólo recibe bien a su gente?
-Yo soy buen anfitrión hasta con la gente más indeseable. Pero sí, en la portada la idea era que saliese como un tío chungo, sentado en una mecedora en la puerta de su casa con una escopeta en la mano, como diciendo: «aquí no te acerques».
-Algunos de los músicos que han participado no se conocían hasta momentos antes de empezar a grabar. ¿Fue rápido el ensamblaje de las melodías?
-Sí, algunos llegaron, se dieron la mano, «hola», «hola», y a tocar. Ni siquiera habían oído nada de lo que íbamos a trabajar. Yo pensé que iba a ser bastante complicado, pero Phil (Manzanera, su productor) ha conseguido que de todo esto haya terminado saliendo una banda espectacular.
Fuente: Abc.es
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